Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
(II Timoteo 2:15

Cuán difícil se nos hace ser personas diligentes, y mucho más cuando somos jóvenes, donde estamos enfrentando diferentes tipos de presiones y responsabilidades, por ejemplo: La Universidad o Colegio, Trabajo, Iglesia, Familia, Amigos, Novio o Novia, etc. En cada una de ellas debemos responder, pero no se trata de sólo cumplir, sino de hacerlo de forma adecuada. Ser diligente se trata de eso, no solo de hacer una tarea o realizar algo, sino de hacerlo de la mejor forma posible, y llegar al final de dicho compromiso. En diversas ocasiones adquirimos compromisos y no somos capaces de cumplirlos, partimos muy bien y quizás el tiempo que lo realizamos fue de forma óptima, pero no terminamos, eso no es ser diligente, por mucho que el tiempo que lo hicimos pareciera bien, el no término de dicho compromiso nos afecta en nuestra tarea.

El apóstol Pablo exhorta a Timoteo, a primero procurar con diligencia, eso quiere decir, hacer todo lo posible por estar delante de Dios aprobado, no sólo intentarlo, sino hacerlo. ¿Cómo podemos estar delante de Dios aprobados? Haciendo su voluntad. ¿Cómo lo logro? Llevando una vida de oración, lectura de la Palabra, y siendo hacedores de ella. ¿Será que podemos presentarnos delante de Dios sin tener nada de qué avergonzarnos? Lamentablemente, creo que todos tenemos algo que nos avergüenza, algo que nos aparta de Dios, y eso se llama pecado, no detallaré “tipos de pecado”, porque todos sabemos que es lo que hoy nos puede estar alejando de Dios y nos hace avergonzarnos al momento de presentarnos ante Dios. Por lo mismo debemos ser enfáticos y quizás radicales al momento de tomar la decisión de estar delante de Dios como obrero aprobado.

Timoteo era joven, y de seguro estaba también siendo constantemente bombardeado por cosas que lo podían alejar de Dios, es más, en algún momento el apóstol Pablo le dice que “huya de las pasiones juveniles”, era tentado claramente a pecar y alejarse de la voluntad de Dios.

El consejo que da este pasaje es a usar de forma adecuada la Palabra, ¿Cómo logro esto? Primero leyéndola, segundo pidiendo la dirección del Espíritu Santo para comprenderla, Tercero haciendo. No podemos quedarnos con la teoría y el conocimiento, la única forma de estar delante de la presencia de Dios aprobados es siendo hacedores de Su Palabra. No importando lo que podamos vivir, tribulación, angustia, dificultad, cansancio, enojo, etc. Debemos intentar con todas nuestras fuerzas estar delante de Dios como una “ofrenda agradable”, ser esos siervos aprobados que no tienen de que avergonzarse, no podemos pararnos delante de Dios como las “avestruces escondiendo el rostro” llenos de vergüenza, él nos da la oportunidad de arrepentirnos y pedir perdón y comenzar de nuevo, por consiguiente, debemos estar firmes y seguros delante de Él de que hemos intentando tener una vida en comunión con Dios, sólo en intimidad con Él podemos lograr esta vida.

Recordemos que Jesús fue tentado en todo, pero no pecó. Él es nuestro ejemplo, es a quién seguimos, es de quien predicamos, y de quien nos decimos discípulos. Hoy Dios nos anima a buscar de su presencia, a estar delante de Él en santidad, no importando la situación, sino siendo sinceros delante de su presencia.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. (Gálatas 6:9-10).

08112016

Sé un siervo aprovado

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